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Los nuevos desafíos que implica el kínder obligatorio

Mucho se ha discutido entre las élites sobre la efectividad real del cambio constitucional del kínder obligatorio. Se ha dicho de todo, desde que es un gran avance hasta que es sólo la cáscara, que en nada afecta hacer obligatorio un nivel al que hoy en día asiste el 95% de los niños de 5 años. Incluso se ha criticado a las  y los educadores de párvulos y sus respectivas carreras formativas.

Si bien como Fundación consideramos que aumentar la cobertura en un nivel y especialmente en educación inicial es una excelente noticia, el kínder obligatorio nos enfrenta a cientos de desafíos que entre todos como sociedad deberemos enfrentar: las universidades deberán revisar sus mallas curriculares de educación parvularia, las y los actuales educadores de párvulos deberán buscar vías de perfeccionamiento, y las fundaciones como las que dirijo deberemos apurar el tranco para dar el ancho a esta nueva ley y presentar nuestras propuestas a las autoridades, y así aportar a políticas públicas en educación inicial que enriquezcan esta normativa en pos del desarrollo armónico e integral de los niños.

Creemos que la obligatoriedad puede tener un impacto positivo tanto en la formación y especialización de educadores, como en la valoración de los niveles de transición en el mundo educativo, pero sigue habiendo un tema esencial sin resolver: el alto nivel de ausentismo de los preescolares chilenos.

El ausentismo crónico en los primeros años, es decir, faltar a más del 10% de las clases durante el año, está directamente relacionado con los resultados futuros de los niños y niñas, afectando no sólo su desempeño académico, sino también aumentando el riesgo de producir dificultades a largo plazo en el transcurso de la vida, como deserción escolar, abuso de sustancias y embarazo adolescente, entre otras. A través de nuestro proyecto Un Buen Comienzo, hemos podido detectar que gran parte de los motivos del ausentismo en los niveles de transición son culturales, y por lo tanto, pueden ser revertidos si se trabaja en conjunto con toda la comunidad escolar: educadoras, directivos y sobre todo, padres.  

Éste es uno de los nudos fundamentales que debemos destrabar para romper con el círculo de la desigualdad y de paso, seguir dándole contenido a esta  ley del kínder obligatorio. Podemos tener los mejores profesionales, la mejor infraestructura, y un currículum perfectamente diseñado, pero si nuestros niños y niñas no asisten a la escuela de forma consistente, nada de esto tendrá sentido.

 

Marcela Marzolo

Directora Ejecutiva

Fundación Educacional Oportunidad